Quiero pensar que el regreso causó el daño en mi bicicleta. Sin mucho que hacer en Bogotá, el 6 de enero de 2010 arranqué sin remolque y con nuevo CamelBak hacia Manizales, por cuarta vez en bicicleta. La misma ruta por Faca - La Sierra - Vianí - Cambao - Armero - Líbano para el primer día y para el segundo: Líbano - Murillo - El Gualí - Termales del Ruiz - La Enea.
Esta vez corrí más que de costumbre el primer día y como ya conozco la ruta la comida estuvo bien racionada y no tuve problemas de deshidratación o de hambre. La rueda delantera, ya muy gastada, me cobró un neumático nuevo a 2.5 km de Armero y de paso por descuido dejé caer la bolsita con los parches y el pegante, por lo que tuve que devolverme por eso.
Llegué con la noche joven a Líbano, me quedé en el mismo hotel y me comí tres porciones de pizza y unos 700 ml de gaseosa. Dormí plácidamente después de comprar la venda para la tendinitis y de hacer algunas llamadas informativas.
No madrugué mucho para la salida el 7 de enero, desayuné lo acostumbrado y arranque hacia Murillo con el cielo despejado y el deseo de llegar a Manizales. 24 km más arriba llamé a mi Taita para informarle de mi localización y como de allí en adelante hasta El Gualí no hay señal de celular debía contarle más o menos el tiempo que demoraba en llegar. De todas formas llevaba más comida de la necesaria, toda la que cabía en el pequeño morral y otra vez me encarté con la chaqueta.
4 horas más tarde, con 43 km recorridos (muy lentos tal vez) cuando ya casi rayaban las 7 horas de pedaleo arribé al Gualí y llamé de nuevo. La advertencia: Si no llamo en 2 horas desde el Puente de la Libertad es porque me maté. Desde 4000 msnm arranqué junto con un par de vehículos que parecían bajar a Manizales también. Yo desvié por el Arbolito hacia termales del Ruiz y empecé uno de mis descensos favoritos: 31 km, casi todos en piedra que terminan en el puente de la libertad a unos 1900 msnm, más de 2 km de altura que tuve la "decencia" de bajar en una hora y veinte minutos, y eso que paré a saludar varias veces.
La rueda delantera llegó un poco desinflada, la revisé y continué subiendo al Batallón como es la costumbre, con mi tonto orgullo de llegar en Labú y no dejar que me recojan... Casi en el Batallón los dos automóviles que dejé en el cruce del Arbolito me alcanzaron y el asunto me causo risa, por culpa de una rueda gastada casi que llego más rápido que ellos. El neumático terminó reventado sin arreglo en Cristo Rey y tuve que caminar a mi casa.
Hoy me di cuenta que el eje de la rueda trasera que soporta las pistas de los rodamientos de la manzana está roto y por ello tiene un juego irreparable. Yo le echo la culpa al descenso mortal del Arbolito a Manizales, ustedes me echarán la culpa a mí.
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