The Map

2007/08/26 Los bocadillos hacen falta

Sobreestimarse es el error que cometí, no un error fatal. La idea era subir 
al volcán Popocatepetl o al menos hasta donde se pudiera en bicicleta y 
luego continuar a pie. El Nevado del Ruiz me ha sido algo esquivo, pero sólo 
porque no me he puesto en la tarea de subirlo en ruedas.
 
Con información suficiente en el mapa y de un compañero del Laboratorio cogí 
hacia el norte a eso de las 7.30 cuando apenas el sol empieza a aparecer. 
Con el N al frente sobre la avenida Universidad me topé con la avenida Río 
Churubusco, en la cual continué hasta el cruce con la Avenida Ignacio 
Zaragoza, para evitar problemas es la carretera México Puebla.
 
Hay un trancón de kilómetros por las nuevas obras sobre esa autopista, Labú 
Razul es muy esbelta y pasamos el trancón con rapidez. Con indicaciones tomé 
la autopista, de 4 carriles por sentido y una berma que alcanza para un 
automóvil pequeño con las puertas cerradas, berma que aproveché para irme 
lejos de los carros que pasan.
 
Más adelante un ciclista de ruta me adelantó, como su paso no era arrollador 
me senté en la rueda (en jerga ciclista esto significa irse detrás de él 
cortando el viento) y el hombre me llevó a 40 km/h durante un buen trayecto. 
Decidí conversarle para conocer más de la vía por la que iba. Se llama Iván, 
ciclista del equipo de la UNAM, estudiante de filosofía de quinto semestre. 
El hombre me acompañó hasta el pueblo más cerca al volcán, llamado 
Amecameca, de donde se sube a la montaña de fuego de nombre raro.
 
Tan sólo salir del DF fueron 40 km más o menos, todo por no tomar el metro 
que los domingos dejan subir las bicicletas, pero mi costumbre es llegar al 
sitio sobre la bicicleta, así sea en varios días y si no que lo digan mis 
viajes de Bogotá a Tunja y unos pueblos de Boyacá, Bogotá - Manizales, 
Manizales - Medellín, Medellín - Manizales (hasta Neira), pero llegar a 
Amecameca requirió un pistoneo de 77.8 km, por lo cual mi camarada de ruta 
me sugirió seguir a Juchitepec y entrar al DF por el sur, delegación 
Xochimilco, que según él es más corto hasta el dichoso pueblo a las faldas 
del volcán.
 
Comer y beber líquidos es fundamental, Mi precaución me obliga a llevar un 
neumático, herramienta y comida más dos litros de agua en la Bolsa de 
camello, todo ese peso y mi bicicleta sumarán a lo sumo 85 kg, mientras que 
el filósofo en las ruedas delgadas tendrá los 80 kg y una fricción mucho 
menor, no obstante le aguanté el paso y estoy seguro que me esperó en varias 
ocasiones, uno en esas etapas se entretiene mientras conversa y ve pasar los 
campos de maíz y las montañas; fuera del DF, o de cualquier ciudad, se 
aprecia más la tierra.
 
Subir y subir. Es duro el ascenso cuando uno ya pasó los 100 km en un día y 
todavía le queda más por subir, pero entre charla y charla la vida se pasa y 
los kilómetros van con ella. El descenso a Xochimilco dejó de presionar mis 
piernas, y una vez en el DF no me quedó más que seguir al compañero que 
conocía el camino. Resultamos en el Periférico, una avenida que cruza a 
Insurgentes al Sur de la Universidad, por lo que tomé mi rumbo y él el suyo 
y cuando mi ODO marcaba 76 km y llegué a la tienda de la cuadra a comer y 
beber pronto porque el agua se acabó en el camino y el hambre no da espera 
en los pedales.
 
154 km, muy parecidos a la carretera Bogotá Tunja, a veces planos a veces 
no, entre montañas y descensos un paisaje atractivo fuera del DF y cansancio 
como el que no sentía desde hace mucho, no uno matador pero se siente. Creo 
que es muy gratificante poder ver el mundo a esa velocidad, sentir el 
viento, la pendiente en contra, en resumen la libertad. Por si se preocupan 
sólo nos pitó un camión que por sus dimensiones era adecuado advertirnos, 
pero de resto los conductores son muy respetuosos y discretos en sus 
distancias hacia nosotros los que vamos sobre un potente motor de quizá 
medio caballo de fuerza, 450 o 500 Watts, el equivalente a la energía 
requerida para encender 5 bombillos.
 
Un saludo muy especial a todos los que leen esto, los extraño tanto como a 
la comida colombiana y ustedes saben cómo la aprecio. Ay mis empanadas!

No comments:

Post a Comment