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2019 02 06 Al trabajo en bicicleta

Para muchos es muy normal ahora desplazarse de la casa al trabajo en bicicleta. Las ciudades se han vuelto tan congestionadas y lentas que resulta difícil moverse con fluidez en ellas, tanto así que se están imponiendo medidas estatales para restringir el uso de vehículos que usan combustibles fósiles y eso incluso hace costoso moverse, en especial para personas que deben hacerlo por razones laborales.


Nunca he estado de acuerdo con las restricciones a la circulación porque son medidas que afectan en gran medida a personas que dependen de un vehículo para obtener ingresos. También estoy en desacuerdo con la cultura que se está creando de que un vehículo es una señal de progreso social de una persona o familia, de modo que muchos consiguen un automovil sin necesitarlo y se inventan cualquier excusa para salir en él, solos, ocupando 4 o 5 metros cuadrados en la vía, provocando los embotellamientos.


Usar transporte público tampoco me parece una buena solución ya que en hora pico se congestiona como si nadie estuviera moviéndose en un vehículo propio. Es más la gente que necesita movilizarse a esas horas que la capacidad de los sistemas de transporte para llevarla. En Medellín es muy común tener que tomar 2 rutas de buses diferentes para ir a trabajar o a estudiar. Si sumamos la lentitud del desplazamiento en horas pico y la incomodidad de hacerlo, tomar un bus resulta más costoso quizá que hacerlo en motocicleta, con todos los gastos que ella conlleve.


Muchos lugares cuentan ahora con parqueaderos gratuitos para bicicletas. Medellín es una ciudad bastante plana y algunos medios de transporte integrado permiten llevar la bicicleta a sitios que por su pendiente son de difícil acceso para personas que físicamente no pueden subir en ella. Incluso hay un sistema público de bicicletas que permite hacer trayectos entre estaciones especiales donde se recogen y dejan las bicicletas de forma segura.


Decidí que este año iba a usar más la bicicleta para ir a trabajar; mudarme cerca del trabajo para no sufrir mucho con la contaminación, tratar de hacer mis desplazamientos en bicicleta, como antes, volver a pedalear durante todo el día si es necesario. Sólo que esta vez me adelanté a la parte de vivir cerca del trabajo y se me ocurrió irme a trabajar a Medellín desde Ebéjico.

Con un desplazamiento total de 46 km por trayecto, 5 de los cuales tenía que sortear en algún otro medio porque es un túnel por donde está prohibido inhalar gases tóxicos en bicicleta -pero en moto no- y aunque tiene algo parecido a un andén a cada lado, nunca se ven personas caminando por allí. Debe ser porque el Túnel de Occidente es una cámara de gas sin ventilación apropiada en donde es muy común ver una nube de smog que recorta la visibilidad hasta unos pocos metros. Hay una carretera alterna, sin túnel, pero el ascenso es mucho más extenso y difícil.


La noche anterior empaqué en un morral lo necesario para llegar a la Universidad a cambiarme y dar la clase del miércoles que es sólo de 12:00 a 14:00. A las 4 am me desperté recordando que debía llevar el candado para asegurar a Biky en el parqueadero. Al peso que ya empezaba a ser importante (5 kg no sé en qué) debía sumarle 2 litros de agua para el trayecto.


Así que instalé el remolque para no cargar con todo el peso en la espalda y con el patrocinio de desayunos La Muñeca salí pasadas las 7 de la mañana con las cuentas hechas de que demoraría 4 horas el trayecto, con todas las paradas y la espera del transbordo en el túnel.


Don Fernando Jiménez me acompañó los primeros 10 km hasta El Brasil, que subimos como siempre en una hora y de ahí continué solo con mi triciclo en línea, esperando lo mejor del camino.


Desde El Brasil hasta La Sucia hay que bajar 7.2 km y de allí subir 3.5 km por una carretera sin asfalto pero en buen estado, hasta la carretera que de Santa Fe de Antioquia va a Medellín (RUTA 62). Van acumulados 20.6 km en 1:40:00.

Esta valla está en el sitio conocido como La Sucia



Una vez en la carretera principal, falta subir poco más de 7 km hasta el peaje que restringe y controla el paso por el Túnel de Occidente. Esto me tomó una hora adicional con una que otra parada para el registro fotográfico y otra por bananos que me regaló un señor cerca de La Aldea.

En el empalme de la Ruta 62 con la carretera que viene de Ebéjico. Todos conocen este sitio como Las Partidas



Fue poco lo que tuve que esperar para atravesar el túnel, de hecho demoró más el mecánico del taller buscando la aceitera para lubricar mi cadena. Una camioneta con Platón me puso al otro lado del túnel por $4.000.

Biky y Wheeliam. Abajo al fondo y muy pequeña, la valla de entrada al municipio de Ebéjico, la misma valla de la primera foto. 5 km de ascenso desde ese punto hasta el sitio de la imagen



Al otro lado del túnel ya no hay prácticamente dificultad alguna, hay que bajar 9 km para luego sortear el tráfico desde El Éxito de Robledo hasta la Universidad de Medellín, tramo que registré con una longitud de 6 km fáciles. Llegué sin agua -como era de esperarse- y con tiempo de sobra para vestirme de una forma más apropiada para dar la clase y recuperarme. Casi.


No alcancé a almorzar antes de la clase de las 12. Paré a comprar jugo de naranja y la fila en el supermercado tardó más de lo esperado. Organizar mis “ideas” para guardar el equipo de ciclismo también me tomó mucho tiempo e incluso olvidé la banda cardiométrica en la ducha.


Hasta ahora llevaba 41.4 km en el primer trayecto, hechos en unos pocos granos menos de arena que 3 horas sobre la bicicleta y una hora más con las paradas y trasbordos. 2800 Calorías.


A las 2 de la tarde ya estaba de nuevo en un vestidor poniéndome la indumentaria para el regreso. Allí me di cuenta del abandono de la banda cardiométrica que me había guardado el encargado de la piscina. Salí de la Universidad a buscar almuerzo con todo cargado y asegurado.


Almorcé y llené la bolsa de agua en la Nueva Villa de Aburrá, cerca de las 3 de la tarde comencé el regreso con algunos indicios de fatiga muscular. También olvidé el cargador del celular, de modo que lo puse en modo avión e hice los reportes de ubicación de forma resumida.


Llegar al Éxito de Robledo, donde empieza el ascenso al túnel, me tomó 22 minutos. Desde la Avenida Colombia se empieza a sentir la pendiente en contra y el ascenso hasta el túnel es más largo que en el tramo de ida ya que hay que hacer un retorno para incorporarse a la salida al mar.


9 km y casi una hora después ya estaba en el túnel esperando que algo a alguien me pasara de nuevo al otro lado. Lo hice en un bus intermunicipal que me cobró $5000 y una vez al otro lado aseguré de nuevo a Wheeliam a la bicicleta. Todo lo que subí, ahora debía bajarlo y se hacía fácil porque el desnivel entre las altitudes de Medellín y Ebéjico ahora contaba en mi beneficio.


7 km hasta las partidas, 3.5 km bajando hasta La Sucia (límite entre Medellín y Ebéjico) y sólo me quedaban 7.2 km de ascenso hasta El Brasil. Las calorías del almuerzo me duraron hasta un poco más allá de La Renta, que queda justo en el medio del tramo, y no paré allí porque me sentía bien y tenía el plazo de llegada muy justo para terminar de día el recorrido (tampoco llevé linterna).


Sufrí un poco los últimos 2 km hasta el Brasil, me faltaba energía y ya sentía la incomodidad del sillín y la fatiga en las piernas al apoyarme únicamente en los pedales. Paré y comí, a pesar de que el tramo restante era principalmente descenso, la necesidad de comida se hacía evidente.


Llegué con los últimos vestigios de luz solar a recibir atención y cuidado de Una Linda persona. Llegué sin agua en la espalda. El regreso marcó 43 km en 2 horas y 50 minutos sobre la bicicleta con media hora de descansos y transbordos. 2200 Calorías consumidas prueban que el esfuerzo fue mayor en el trayecto de ida.


84 km. 6 horas. 5000 Calorías. Mucho asfalto. Quiero volver a ser el de antes. Seguiré yendo a trabajar en bicicleta.

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