The Map

Un viejo texto escrito


Un amigo se declaró fiel seguidor de mis correos y por una deforestación perdió algunos de ellos. Como aún no tengo algo que publicar, colocaré esos viejos relatos para que, en caso de pasar lo que le pasó a mi amigo, tenga una copia en la red. Este primero se publicó en la revista Aleph con el título para pensar hace mucho tiempo y fue fruto de la conversación de calle que hago con uno de mis amigos.


Para pensar

(Gracias a D. F. J. G. por hablar conmigo de este tema).

Tal vez los días no sean precisamente eso que todos piensan. Pueden estar equivocados.

Ponte a pensar, por ejemplo en el año calendario. Cada cuatro años, el calendario tiene un día más en febrero, porque la tierra da la vuelta completa en 365 días y 6 horas APROXIMADAMENTE. digamos que el sitio cero de la órbita terrestre sea en el perihelio, digamos que en el tiempo cero está en este punto.

Entonces la tierra va dando la vuelta al sol, se va acercando y se acelera, se aleja y reduce su velocidad, vuelve y se acerca, y cuando faltan 6 horas para que vuelva a estar en el punto cero, nosotros afanados ya estamos celebrando el año nuevo. La pobre tierra va retrasada 6 horas a la celebración, llega con su confetti y los dulces y el vino a celebrar y resulta que todos ya se están acostando a dormir.

Ella se deprime un poco, pero empieza de nuevo a trasladarse, y cuando faltan 12 horas, lean, 12 HORAS!! nosotros ya estamos celebrando el año nuevo. Entonces llega la tierra a mediodía, con el pavo y el vino y resulta que todos están en pijama pasando la resaca, viendo televisión de festivo.

A la madre Tierra le empieza a dar como una espinita y se pone las pilas, claro que también, con una luna dándole vueltas, se marea hasta ella misma. Bueno, va ella casi llegando, sólo le faltan 18 horas y nosotros ya estamos abrazándonos como estúpidos como si algo de verdad ocurriera, mientras que la madre Tierra, jadeando, sudando por los polos y los trópicos apenas se va acercando al punto cero de su monótona trayectoria.

Ya está hasta los polos, ya no aguanta más esta vaina. Y a nosotros nos engañan y nos dicen que es que cada cuatro años hay un día más. Lo que nos quieren decir es que la tierra es perezosa y que se toma un día más para dar la vuelta, entonces, se hacen los benefactores y ponen un año de 366 días, y listo arreglado el problema.

A mí me parece que el problema puede ser más sencillo de resolver. Un año: 365 días y 6 horas. Es decir, la forma más sencilla de dividirlos no son 12, como los meses, sobran 5 días y esos son los 5 meses que tienen 31 días, lo más acertado es dividirlo en meses de 28 días, y sólo sobra un día. Podemos ajustarlo a las fases lunares y... pues... sí, no? Tú entiendes.

Entonces tenemos 13 meses de 28 días. Y aún sobran 30 horas. 6 horas de siempre y el día que nos falta. A cada día le sumaríamos 4 minutos, sobrarían 344 minutos. Entonces a cada mes le sumaríamos 26 minutos, y nos sobran 4 minutos. Los partimos en segundos y tenemos a cada día se le agregan 55 segundos y sobran 20 segundos, ahora nos sobran 10 minutos y 20 segundos. De modo que los años serían de 364 días, 4 minutos, 16 segundos, siempre y cuando los días sean de 24 horas, 4 minutos, 56 segundos. Así la tierra llegaría tan sólo 4 minutos, 56 segundos tarde a la celebración; como en todas las casas los relojes marcan diferentes horas, puede que hasta llegue temprano.

Otra solución muy posible:

364 días de 24 horas, en 13 meses sobra un día y las penosas 6 horas. Fácil, 12 meses de 28 días y uno de 29. Sobran las seis horas... sí, pero eso es fácil de resolver. 6 horas son 360 minutos, pues hacemos 360 días de 24 horas y 1 minuto y dejamos 5 días de 24 horas, y escogemos los más insoportables días (sugerencia: 1 de enero, 25 de diciembre, jueves y viernes santos y el festivo católico del nuevo mes número 13 y listo, cinco días festivos insoportables).

De este modo la tierra se puede demorar 1 minuto más dando un giro, excepto 5 días en el año, y llega puntual a la celebración. Bueno, no vayamos tan allá. Simplifiquemos. 12 meses 365 días, sobran seis horas. Démosle a cada mes media hora. De modo que a cada día le tocaría un minuto más, y harían falta cinco minutos como en el caso anterior. Pero escogemos los días insoportables. Los primeros 4 anteriores y el día de cumpleaños del Papa. Hecho, ahí están los 5 días insoportables.

De estas tres formas anteriores, habría que modificar todos los relojes del mundo, pero quien los manda a estar equivocados.

Está bien, no dañemos los relojes; entonces dañemos los calendarios. Que sean los mismos días, comunes y corrientes. Las casillitas y esas cosas. Pero al final, en diciembre, en la casilla después del 31, parten en 4 pedazos el bloque, y listo, ahí están las seis horas.

Ventaja Inminente: Para los que les gusta celebrar, tienen toda la noche para esperar el año nuevo. Para los que no les gusta, se duermen y madrugan a las cinco, y en vez de pavo y vino y frituras, se hacen el desayuno de año nuevo. O siguen dormidos y despiertan después. Y lo mejor de todo, a nadie le toca pagar ese día extra en el calendario cada cuatro años. Cuestión de precios. Además, las personas muy desocupadas ya tienen un día menos qué planear, y los ocupados tendrán mayor excusa al decir: “tengo la agenda ocupada”.

Parece entonces que a la tierra le toca pagar el atraso de seis horas por año con un día, cada cuatro. Somos nosotros quienes se lo cobramos. En el afán de vivir más rápido pocos se dan cuenta que terminan muriendo más a prisa. En la manía de alegrarnos porque acabamos un año, si deberíamos agradecer a los nuestros cada día que comparten con nosotros. Nos fijamos metas para un año, que escasas cumplimos, pero no nos proponemos cada día en ser mejores o peores en lo que hacemos, bueno o malo, el todo es conservar el equilibrio y la entropía.

Déjate de reflexiones inútiles, lo que dije es sólo para que admitas que ocupas más tiempo en acciones que molestan a los demás.


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