The Map

Minas

Supongamos que había una persona, un habitante cualquiera del mundo que gustaba de cuidar plantas, pero no era un campesino, sembraba flores; no era tampoco jardinero de profesión. Se dedicaba a otra cosa. Para el cuento no importa, y a ustedes tampoco.

Un día cualquiera en su jardín de flores coloridas, desde grises hasta añiles, cayó el periódico como de costumbre en el camino que conducía al exterior. Aquel hombre, sentado en su silla de lectura silbó a su perro. Segundos después del ladrido que emitió el animal en respuesta a una orden que repetía a diario, se escuchó una explosión. El individuo alarmado, al ver que el perro no regresaba, decidió echar un vistazo a su jardín: El perro había muerto víctima de una mina antipersonal.

No supongamos que fue él quien la puso, se quería deshacer del perro... no es así. Era un fiel amigo, salvo las 5 veces a la semana que traía vuelta añicos la sección de deportes (aquí entre nos, el perro protestaba así). Tampoco supongamos que fueron los vecinos; ellos nunca tuvieron problema alguno con su vecino (por lo menos eso testificaron); salvo cuando ellos sacaban a su gato a la ventana o a su perrita de pedigree; o el individuo se hacía de vista gorda cuando su gran cánido dejaba un desagradable recuerdo en la entrada contigua. El perro murió y el único culpable fue un aparato circular semienterrado.

Nuestro personaje sospechó de todo el mundo, pero agradeció que fue el perro en vez de él quien pisara el artefacto. Buscó por seguridad más minas y encontró, como era de esperarse, tres minas debajo de cada uno de los 70 adoquines que llegaban a la puerta del jardín. El las guardó para que no cayeran en manos peligrosas.

Al otro día por fortuna no murió perro alguno. El que murió esta vez fue el periódico. Cayó casualmente sobre la más sensible de las bombas; lo peor de todo es que no quedó ni medio artículo de la sección de deportes, y se veían rasguños del crucigrama esparcidos en las hojas de sus flores. Volvió a recoger los pedazos después de recoger (supongamos que es así de fácil) las 70 minas, porque esta vez sólo pusieron una a cada loza. El repartidor tuvo que entrenar bastante tiempo para ubicar de un lanzamiento el periódico en el porche.

No volvió a morir otro periódico, esta vez fue una glosinia. Ella cometió el error de dejar caer un pétalo en el camino de piedras, y voló junto con un matero que tenía un cacto a punto de florecer. – Ahora sí se metieron con lo mío! – eso pensé que dijo, yo no sé. Pudo haber dicho: - Van a ver lo que es meterse con el jardín de un (invéntese un apellido)!.

En efecto. Lo primero que hizo fue poner una valla en la puerta: PROHIBIDO COLOCAR MINAS ANTIPERSONALES, MINAS ANTICANES, MINAS ANTIPERIÓDICO O MINAS ANTIVEGETALES. Y funcionó. El problema fue que colocaron minas antivallas. Pues como era ingenioso el hombre del que hablamos, y como ya tenía miles de minas acumuladas, arrancó todas sus flores con sumo cuidado; cavó todo el perímetro de su casa e hizo un pozo de cocodrilos tragaminas; a la entrada hizo un puente con minas y cubrió entero su jardín con aquellos artefactos que ya estorbaban en su casa. Sobre cada mina sembró una flor, bajo cada piedra adoquinada de la entrada de su magno jardín colocó tres minas, debajo de las cuales había otra por si alguna no explotaba. Ahora sí sus flores estarían seguras. Dicen las malas lenguas que pensó en poner minas dentro de las flores, anticolibríes y antienamorados-ladrones-de-flores-de-jardín.

Cuando llegó a las escaleras de entrada y vio terminada su obra, pensó en algo: -¿Y ahora cómo salgo de aquí?.

Un viejo texto escrito


Un amigo se declaró fiel seguidor de mis correos y por una deforestación perdió algunos de ellos. Como aún no tengo algo que publicar, colocaré esos viejos relatos para que, en caso de pasar lo que le pasó a mi amigo, tenga una copia en la red. Este primero se publicó en la revista Aleph con el título para pensar hace mucho tiempo y fue fruto de la conversación de calle que hago con uno de mis amigos.


Para pensar

(Gracias a D. F. J. G. por hablar conmigo de este tema).

Tal vez los días no sean precisamente eso que todos piensan. Pueden estar equivocados.

Ponte a pensar, por ejemplo en el año calendario. Cada cuatro años, el calendario tiene un día más en febrero, porque la tierra da la vuelta completa en 365 días y 6 horas APROXIMADAMENTE. digamos que el sitio cero de la órbita terrestre sea en el perihelio, digamos que en el tiempo cero está en este punto.

Entonces la tierra va dando la vuelta al sol, se va acercando y se acelera, se aleja y reduce su velocidad, vuelve y se acerca, y cuando faltan 6 horas para que vuelva a estar en el punto cero, nosotros afanados ya estamos celebrando el año nuevo. La pobre tierra va retrasada 6 horas a la celebración, llega con su confetti y los dulces y el vino a celebrar y resulta que todos ya se están acostando a dormir.

Ella se deprime un poco, pero empieza de nuevo a trasladarse, y cuando faltan 12 horas, lean, 12 HORAS!! nosotros ya estamos celebrando el año nuevo. Entonces llega la tierra a mediodía, con el pavo y el vino y resulta que todos están en pijama pasando la resaca, viendo televisión de festivo.

A la madre Tierra le empieza a dar como una espinita y se pone las pilas, claro que también, con una luna dándole vueltas, se marea hasta ella misma. Bueno, va ella casi llegando, sólo le faltan 18 horas y nosotros ya estamos abrazándonos como estúpidos como si algo de verdad ocurriera, mientras que la madre Tierra, jadeando, sudando por los polos y los trópicos apenas se va acercando al punto cero de su monótona trayectoria.

Ya está hasta los polos, ya no aguanta más esta vaina. Y a nosotros nos engañan y nos dicen que es que cada cuatro años hay un día más. Lo que nos quieren decir es que la tierra es perezosa y que se toma un día más para dar la vuelta, entonces, se hacen los benefactores y ponen un año de 366 días, y listo arreglado el problema.

A mí me parece que el problema puede ser más sencillo de resolver. Un año: 365 días y 6 horas. Es decir, la forma más sencilla de dividirlos no son 12, como los meses, sobran 5 días y esos son los 5 meses que tienen 31 días, lo más acertado es dividirlo en meses de 28 días, y sólo sobra un día. Podemos ajustarlo a las fases lunares y... pues... sí, no? Tú entiendes.

Entonces tenemos 13 meses de 28 días. Y aún sobran 30 horas. 6 horas de siempre y el día que nos falta. A cada día le sumaríamos 4 minutos, sobrarían 344 minutos. Entonces a cada mes le sumaríamos 26 minutos, y nos sobran 4 minutos. Los partimos en segundos y tenemos a cada día se le agregan 55 segundos y sobran 20 segundos, ahora nos sobran 10 minutos y 20 segundos. De modo que los años serían de 364 días, 4 minutos, 16 segundos, siempre y cuando los días sean de 24 horas, 4 minutos, 56 segundos. Así la tierra llegaría tan sólo 4 minutos, 56 segundos tarde a la celebración; como en todas las casas los relojes marcan diferentes horas, puede que hasta llegue temprano.

Otra solución muy posible:

364 días de 24 horas, en 13 meses sobra un día y las penosas 6 horas. Fácil, 12 meses de 28 días y uno de 29. Sobran las seis horas... sí, pero eso es fácil de resolver. 6 horas son 360 minutos, pues hacemos 360 días de 24 horas y 1 minuto y dejamos 5 días de 24 horas, y escogemos los más insoportables días (sugerencia: 1 de enero, 25 de diciembre, jueves y viernes santos y el festivo católico del nuevo mes número 13 y listo, cinco días festivos insoportables).

De este modo la tierra se puede demorar 1 minuto más dando un giro, excepto 5 días en el año, y llega puntual a la celebración. Bueno, no vayamos tan allá. Simplifiquemos. 12 meses 365 días, sobran seis horas. Démosle a cada mes media hora. De modo que a cada día le tocaría un minuto más, y harían falta cinco minutos como en el caso anterior. Pero escogemos los días insoportables. Los primeros 4 anteriores y el día de cumpleaños del Papa. Hecho, ahí están los 5 días insoportables.

De estas tres formas anteriores, habría que modificar todos los relojes del mundo, pero quien los manda a estar equivocados.

Está bien, no dañemos los relojes; entonces dañemos los calendarios. Que sean los mismos días, comunes y corrientes. Las casillitas y esas cosas. Pero al final, en diciembre, en la casilla después del 31, parten en 4 pedazos el bloque, y listo, ahí están las seis horas.

Ventaja Inminente: Para los que les gusta celebrar, tienen toda la noche para esperar el año nuevo. Para los que no les gusta, se duermen y madrugan a las cinco, y en vez de pavo y vino y frituras, se hacen el desayuno de año nuevo. O siguen dormidos y despiertan después. Y lo mejor de todo, a nadie le toca pagar ese día extra en el calendario cada cuatro años. Cuestión de precios. Además, las personas muy desocupadas ya tienen un día menos qué planear, y los ocupados tendrán mayor excusa al decir: “tengo la agenda ocupada”.

Parece entonces que a la tierra le toca pagar el atraso de seis horas por año con un día, cada cuatro. Somos nosotros quienes se lo cobramos. En el afán de vivir más rápido pocos se dan cuenta que terminan muriendo más a prisa. En la manía de alegrarnos porque acabamos un año, si deberíamos agradecer a los nuestros cada día que comparten con nosotros. Nos fijamos metas para un año, que escasas cumplimos, pero no nos proponemos cada día en ser mejores o peores en lo que hacemos, bueno o malo, el todo es conservar el equilibrio y la entropía.

Déjate de reflexiones inútiles, lo que dije es sólo para que admitas que ocupas más tiempo en acciones que molestan a los demás.


2010/04/08 27000+ km de noche



En Manizales ha empezado la temporada de lluvias. Ayer Labú Razül cumplió cuatro años y 2 meses y hoy después de una calurosa tarde me decidí a las 18:30 horas a salir a rodar para completar y sobrepasar los veintisiete mil kilómetros recorridos en 50 meses, lo que hace un fatal promedio de 540 km por mes y si todos los meses fueran de 30 días, serían 18 km diarios.

Ahora estoy comprometido con salir todos los días y como la mañana no dejó salir por la intensa pero necesaria lluvia, decidí romper la marca de noche subiendo los 5.3 km que hay a "La Puerta", que es la carretera que sigue más allá de BCM.

Desde mi casa, que dista 10.3 km del punto de regreso demoré precisos 40 minutos. La demora se debió a un arreglo que están haciendo a la carretera y que de noche aunque sea con linterna el camino es algo lento.

El descenso fue casi igual de rápido que de día, el viaje total fue de 1:04:27, el promedio de 20.73 km/h y el máximo de 53 km/h. De noche sólo se ve la lucecita en el casco. En promedio fueron 163 bombeos cardíacos por minuto y un máximo de 182 ppm. 895KCal para llegar a dormir.

Carpe Díem