The Map

Julio de 2011. La travesía de este año

Muchos cambios sucedieron este año en mi vida. Para empezar mi bicicleta descansó mucho los primeros meses del año por cuenta del invierno y de mi trabajo. Ella comparte ahora parte de mi tiempo con mi motocicleta Suzuki XF650, de la que muchos ya se han enterado. No obstante mi vehículo de tracción animal siempre tiene un espacio en mi vida.
Luego de un semestre duro pasado por lluvia y viajes, pude por fin en Julio arrancar a perderme del mundo recorriendo viejas carreteras, esta vez acompañado de mi nueva bicicleta roja (a la que nunca pude encontrarle un buen nombre, sólo LaBaik), mi remolque Wheeliam, GPS y un sleeping de -29°C para aguantar las calamidades más extremas.

9 de julio.
Cargué un montón de cosas en el remolque, hasta colchón inflable. Mi plan era llegar muy lejos así que no escatimé en llevar cosas, para algunos inútiles, pero para mí vitales. Con más o menos unos 18kg de lastre arranqué desde Manizales hacia Neira (rumbo Norte) para encontrarme con un desvío de una vieja carretera que indica: MARULANDA 64. Es la vieja carretera de Cementos Caldas que pasa por una Vereda llamada La Cristalina; hasta allí con todo y lastre no me pareció difícil la ruta, aunque en alguna parte del camino tuve que cocinarme unos espaggettis para matar el hambre. En la cristalina me abastecí de toda la comida útil que tuvieran en la tienda y llené el tanque de agua. 10 km más arriba y con 54 km en total para ese día, llegué a uno de los sitios más bellos dentro de la Montaña. La carretera zigzagueó hasta ese punto y justo ahí se abrió en una curva plana hacia la izquierda donde había una finca y unos potreros. Desde los potreros y por un instante alcancé a divisar al mismo tiempo el Nevado Kumanday y el municipio de Neira abajo a la derecha de mi posición, con un atardecer de mil anaranjados diferentes. En las fotos está este lugar. Dormí plácido y hasta señal de celular tenía para reportar mi ubicación.

10 de Julio.
Interactué mucho con los habitantes de la finca La Mira (ya saben por qué se llama así), tanto que me dieron comida y a cambio les di mis chocolates y galletas que había comprado en la Cristalina. Arranqué entonces un poco más liviano, acompañado del encargado de la finca quien en una parte difícil de la carretera filmó un video de mi pesado ascenso desde su caballo:

http://www.youtube.com/user/lbmonroyja#p/u/7/e6vurA3o1s8

Al terminar el ascenso ese día a 3667 m de altura y 9 km más allá divisé el punto donde la cordillera deja de mostrar el Occidente para mostrarme el Naciente. Desde allí se esperaba un descenso de unos 17 km que resultaron siendo 6 km más, ya que el aviso de 64 km tenía un error de 6 km del que me percaté en la intersección de la carretera que lleva a San Félix y Salamina, cerca a Hojas Anchas, una finca por la que pasé en mi descenso. Cuando marcó el ODO 39 km ese día entré a Marulanda (2883 m) justo a la hora del almuerzo. En Marulanda hice la llamada de reporte y continué luego del almuerzo a Manzanares.

Los 41 km que hay de Marulanda a Manzanares empiezan suaves, bajando por el cañón de un río, ceñida a la montaña la carretera sola y polvorienta. Si no recuerdo mal, en el km 27 empieza un ascenso de proporciones titánicas que con su mal estado me tumbaron de la bicicleta en varias ocasiones; el peso del remolque se hace sentir cuando la pendiente es muy pronunciada y si la carretera está deshecha es aún más difícil. 4 km que nunca olvidaré, para terminar descendiendo frenéticamente a Manzanares, a veces a más de 30 km/h, terminando a 1876 m.

Con 81 km ese día reporté mi posición y me di a la tarea de descansar.

11 de Julio.
De Manzanares podía salir a Petaqueros y tomar por Mariquita, sólo que mis planes no eran tocar mucho asfalto, de modo que tomé la salida a Marquetalia que sube 5 km en asfalto y empieza a descender rápidamente hasta que el asfalto se termina y allí empiezo a disfrutar el camino. En el río que marca el límite municipal empieza de nuevo la carretera asfaltada y tan plana que parecía banca de ferrocarril; unos 2 km antes empieza un ascenso suave hasta el pueblo. 28 km hay desde Manzanares hasta Marquetalia que está a 1595 m de altitud.

Comida y unos ajustes en el remolque fueron necesarios para una salida segura hacia Victoria. Victoria dista 27 km duros desde Marquetalia, sol intenso y unos descensos interrumpidos empiezan a cansar los pedalazos. Finalmente un descenso me deja en Victoria (el municipio de Caldas), allí almorcé y tomé unas fotos a LaBaik (la bicicleta) con Wheeliam (el remolque) al frente de la Ceiba de la plaza principal. Según la foto, La ceiba es tan ancha como larga es mi bicicleta con todo y remolque, más o menos unos 3 m, y en las fotos nunca pude enfocar a la ceiba completa. Si la plaza tiene 50 m de lado, las ramas de la ceiba cubren prácticamente toda la cuadra de la plaza a 750 m de altitud.

No quedaba más que descenso hasta el Río Guarinocito y desde allí carretera plana hasta la ruta del Sol y La Dorada. Quise llegar a La Dorada por carretera destapada, pero nadie me supo decir por dónde o si había tal carretera. Al arribar a La Dorada, acumulando 101 km ese día tuve que buscar mecánico para ajustar a LaBaik luego de tanto abuso. Como es de esperarse, el mecánico de bicicletas es también ciclista y compartimos buenas charlas. Comida y descanso para terminar el día a los 200 m de altitud que tiene La Dorada.

12 de Julio. El punto septentrional
Había visto una carretera que salía de Puerto Boyacá hacia Tunja por Chiquinquirá y pensé que era la manera más fácil de subir al altiplano; de modo que habiendo conseguido el teléfono de mi primo Pedro Nel puse mis ruedas con rumbo Norte hacia el último bastión de Boyacá en el Occidente. Toda la carretera osciló alrededor de los 200 m de altura y fueron 61 km ese día cargados de sol y planicie. Llegué apenas para el almuerzo y el primo cocinó (con billetes) y me ayudó a conseguir un zapatero (una de las zapatillas se despegó, me pregunto por qué si apenas tienen como 3 años y unos 12000 km). Envié 3 kg de lastre a Manizales por correo, cosas que pensé no iba a necesitar. Fueron sólo descanso esa tarde y desaliento al saber que la carretera a Otanche está olvidada y vuelta miseria según mi primo, aunque en el mapa aparezca pavimentada. ¿Trabajable?

13 de Julio. Borbur
Mi primo no me dejó ir solo por esa carretera; averiguó el estado de la carretera y amarró mi cicla al campero y arrancamos montaña adentro hacia el aeropuerto por el dos y medio. Luego de mucha trocha y ascenso duro me dejó en el km 62 según la lápida, a 1307 m de altura. En resumen me ahorró uno o dos días de pedaleo muy difícil. Al medio día y luego de no ver más que cordillera llegué a Otanche (km 95), uno de tantos asentamientos de esmeralderos y mineros de Boyacá, pueblo de un ambiente tenso e incómodo. Allí almorcé y me dieron indicaciones para llegar a Pauna pero un pinchazo y la distancia impidieron completar ese plan. A cambio terminé en Borbur, a 700 m de altitud y 70 km montaña adentro, un poco cabizbajo por el hecho de haber perdido 600 m de ascenso ese día, sólo recompensados por el avistamiento de los cerros Fura y Tena y el extenso verde de Boyacá en ese piso térmico. Borbur también es un pueblo de esmeralderos, el hotel queda en las mismas instalaciones de la biblioteca y la casa de la cultura. Los cuartos no tienen llaves y la encargada le entrega a uno la llave de la entrada. No se pierde nada, todo el mundo se conoce y son muy amables, no obstante el pasado violento de la zona esmeraldera.

14 de Julio. Chiquinquirá
Desayuné en Borbur (700 m) confiado en empezar a subir pero es obligatorio el paso por el puente sobre el Río Minero a 430 m. Desde allí el ascenso fue poco pronunciado hasta Pauna (1171 m); Allí hay una lápida en memoria del km 51, imagino que desde Otanche. Comida y ascenso. Ascenso. Ascenso. Ascenso. Ascenso… En el km 78, luego de 27 km desde Pauna, alcanzando los 2900 m de altura, fatigado y casi que vencido, empecé a bajar hacia Chiquinquirá con la primera amenaza de lluvia de todo el viaje. En efecto, la lluvia alcanzó a congelarme en la entrada al altiplano pero la alegría de saber que estaba tan cerca me convenció de continuar.

Agua caliente en un hotel, comida en abundancia y rehidratación fueron las tareas de la llegada a Chiquinquirá a 2612 m de altura sobre las olas. Hice unas cuantas llamadas para reportar mi increíble posición y pronosticar la llegada del siguiente día. 68 km en ese día.

15 de Julio. Tunja
Recordaba como un ascenso difícil el tramo de Villa de Leyva hasta Tunja, esos días de junio de 2006 que recorrí esas carreteras. Ahora llevaba la casa detrás, con clóset y cocina, cargados en una rueda que durante todos los kilómetros cautivó las miradas de los transeúntes pero que podría llegar a pesar mucho para llegar a la capital de Boyacá. Me detuve varias veces una vez salí de Chiquinquirá a comer arepas y los embutidos de Sutamarchán, preparándome (o dilatando) la llegada a los duros ascensos de Villa de Leyva – Cucaita y Cucaita – Tunja.

Sólo me detuvo un aguacero antes de llegar a la entrada a Samacá pero al disminuir la intensidad continué hasta ese punto y me abastecí de nuevo. Pasé por Cucaita y empecé el ascenso al páramo que me separaba de Tunja.

Hizo frío y un poco de lluvia también. El páramo se coronó en el km 64 desde Chiquinquirá, a 3050 m de altitud y aún faltaban 16 km a la casa del Tío Rafael Monroy. Fotos en la Plaza de Bolívar y unas llamadas para llegar con precisión. Me sentí como en casa a 520 km de Manizales.

Era justo que LaBaik descansara el día siguiente.

17 de Julio. Primer Objetivo
Luego de descansar y visitar a mi Tía Elvira el día anterior, temprano ese día arranqué hacia Chivatá y no pasé por el pueblo (infeliz) donde nació mi Taita, porque es más largo el camino y el objetivo aún estaba lejos. Al llegar a Toca se terminó la parte conocida del recorrido y me encaminé de nuevo hacia el páramo para llegar a Pesca. El Páramo de Pesca alcanza los 3504 m de altitud y desde allí se ve una punta de la Laguna natural más grande del país, Tota, mi destino. El descenso al pueblo de Pesca es constante, óptimo para descansar luego de ascender al páramo.

Almuerzo en Pesca (2653 m) y preguntas de caminos y rutas. La ruta más recta involucraba otro ascenso y la ruta secundaria garantizaba una mayor distancia. Decidí tomar la segunda, pasando por Iza; porque es más fácil arrastrar un remolque durante más kilómetros planos que arriesgar las energías por una ruta más corta. No obstante queda en la lista.

De Iza (2560m) a Cuitiba (2746 m) es relativamente fácil. De allí a Tota (el pueblo, 2903 m) el cansancio empezó a notarse más de lo deseado. El punto más alto de la carretera está a 3113 m y unas cuantas curvas más allá se empieza a ver la Laguna tranquila y oscura, como escondida y tímida. Habiendo caído el sol, con el remanente de luz entré a Playa Blanca y armé campamento a 3040 m de altura. 96 km ese día desde Tunja. Comida, tertulia con los vecinos campistas y estado de coma.

612 km en nueve días, pasando por Caldas, Cundinamarca y Boyacá. Nunca había llegado tan lejos pero aún así, me sentía cerca… cerca de mí mismo.