El fin de semana pasado subimos mi amigo Libardo, Labú Razul, Wheeliam y yo al Páramo en bicicleta no precisamente de la forma en la que acostumbro. Mi Taita nos subió hasta El Arbolito, a 3950 m de altura. Lo hicimos así porque el ascenso hasta ese punto con el equipo de nosotros dos para esa noche es difícil y Libardo no estaba en una condición física adecuada, de hecho no estaba en condición física suficiente para hacer ese paseo y a pesar de sus quejas llegó feliz por la vuelta.
La idea era ir al termal Aguas Calientes, un río que baja azufrado y frío de La Montaña y en su curso se encuentra con el nacimiento de un chorro termal que alcanza a calentar el agua a una temperatura a veces hasta insoportable.
Llegar al termal es fácil: se toma la carretera a Murillo que pasa por la entrada al Parque Los Nevados y a casi 12 km se encuentra una casa grande, bodega de papa llamada El Sifón. De allí se sigue un sendero cañón abajo o carretera abajo por 2.5 km hasta que el atractivo hedor a Azufre le avisa a uno que está cerca (si se pasa una casa blanca abandonada a la margen derecha de la quebrada (si la niebla la deja ver) es momento de devolverse). El camión lechero va día de por medio a El Sifón por leche. En resumen, es fácil llegar.
Llegamos a las 8 de la noche a la casa y nos recibieron con caldo de papa.
La carretera baja de 4060 m hasta 3785 m de altura en 2.5 km, así que el ascenso sobre las ruedas es difícil, sobre todo cuando uno va arrastrando 14 kg incluido el remolque (Wheeliam) más o menos, pero la carretera se ciñe entre los frailejones y está hecha de arena volcánica, zigzagueando por entre el cañón mientras se llega a la carretera principal.
Los 12 km que hay a la entrada al Parque los Nevados oscilan entre 4000 y 4150 m de altura, a veces muy duros para la respiración y para los dedos descubiertos de los guantes pero al ver el video y las fotos ese precio es barato.
Después de todo no logramos llegar a Manizales en las 5 ruedas (tres mías, dos de Libardo) por las cuestiones climáticas de esta época del año y el cansancio de mi compañero de aventura que al menos resistió el duro trayecto y el frío descenso.
El jueves 19 de agosto después de trabajar quise rodar de noche aprovechando que estaba medio despejado pero tan sólo llegué a Morrogacho cuando me di cuenta que había partido el marco de mi bicicleta. No supe con seguridad dónde se partió, si en el paseo al páramo o en mi frenética salida nocturna del jueves.
Sigo un poco aburrido por tener que cambiar el marco, fueron 29172 km que resistió con gallardía porque lo admito, yo no trato con cariño a mi bicicleta en cuanto a rutas se refiere.
Hasta esta etapa del camino llega Labú Razül, continuarán conmigo sus ruedas, sus bielas y pedales, manubrio y todo lo demás pero la esencia de su nombre se va con esa estructura de aluminio de 2 kg de peso que partió la fatiga, que es más dura que la carne pero no se cura sola.
En honor a mi hermoso marco azul y gris de Aluminio.